International Commission for the Prosecution of Crimes Against Humanity of the Castro Regime
Comisión Internacional para la Fiscalizacion de los Crimenes de Lesa Humanidad del Régimen Castrista

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El Cano, un pueblo abusado


El pueblo El Cano, actualmente forma parte del municipio La Lisa, otrora, ambos, pertenecían al municipio Marianao.

Siempre llamó  la atención que en sus dos entradas, tanto cuando transitas desde Arrollo Arenas, como cuando transitas desde El Chico, se hayan dos murales de mampostería, que bautizan a este pequeño vecindario como el primer pueblo socialista de Cuba, con la firma cincelada de Fidel. En la historia de la revolución marxista que llevó a los Castros al poder, no destacó ninguna acción en esta zona que meritara esa dedicatoria.


Los hechos que hicieron que Fidel Castro promulgara que el pueblo El Cano fuera bautizado así, no se debió a que los lugareños fueran socialistas, sino todo lo contrario. En los primeros años de la toma del poder castrista la población de ese pueblo se levantó contra esa ideología comunista y protagonizó  la primera rebelión cívica masiva contra Castro. Las familias de esa comunidad salieron a las calles con machetes y cazuelas, en mano, exigiendo libertad. Las órdenes de Fidel fueron las de dar un escarmiento que perdurara como cicatriz en la memoria de los habitantes de ese pueblo.


Brigadas del ejército llegaron en camiones, hicieron arrestos, golpearon a los amotinados; ordenaron la confiscación de las casas y fincas de los líderes e incitadores, que fueron desplazados y forzados a vivir en un pueblito llamado Mulgoa, perteneciente al Wajay.  El pueblo El Cano quedó por semanas militarizado, las familias que quedaron residiendo allí, estuvieron incomunicadas, bajo vigilancia e investigación. Las casas de las familias desalojadas, fueron ocupadas por personas que trajeron de Oriente, que plantaron en ese pueblo la incubación de lo que después se llamarían los CDR; estos guajiros analfabetos y fidelistas, se convirtieron en la voz, los ojos, y los oídos de Castro, en ese pueblo.


La unidad militar 4996, ubicada a la entrada del pueblo, otrora finca particular de un anticastrista, fungió el papel, en esos primeros años, de intimidatoria, para recordar a los lugareños que su pueblo estaba sitiado militarmente por ambas entradas y salidas. La otra unidad militar que habilitaron muy cerca de este pueblo, fue la Cocalotta, que ya en los años 80 se convirtió en el paraíso vacacional exclusivo de los oficiales del MININT.


Para borrar de la memoria colectiva aquella sublevación ciudadana contra la dictadura, la dirigencia castrista fue dando al pueblo un toque armónico, ideó servirse del ministerio de cultura y recreación e inauguró el Centro Cultural del Cano; un lugar muy pintoresco, donde se disfrutaba de bebidas, comida y buena música; las mejores orquestas, músicos y cantantes, eran contratados por el Centro Cultural, en confabulación con la dirección política del gobierno, y lograron, con el tiempo, borrar toda huella y vestigio de aquella sublevación cívica, y el pueblo El Cano, tomó fama por sus bailables de fin de semana. Multitud de personas asistían a estas fiestas; llegaban de los municipios colindantes de Marianao y Boyeros.


Maquillaron al pueblo rebelde con careta de carnaval, como si la música de las orquestas pudieran sepultar esa vivencia, y con la risa y el baile, enviaban un mensaje a los desplazados, que en el pueblo El Cano, todos estaban felices con la revolución.


Estudié, becado, en el tecnológico de agronomía y mecanización agrícola, Juan Pedro Carbó Serviá, ubicado en el pueblo El Chico, colindante con el pueblo El Cano y el Wajay.  Desde que tenía 13 años comencé a visitar y transitar a pie por todos esos pueblos, los llegué a conocer palmo a palmo; amigos becados vivían en ese pueblito, eran jóvenes de mi edad, y cuando les preguntaba por qué su pueblo era bautizado como el primer pueblo socialista de Cuba, ellos enmudecían, era como algo malo el significado de la pregunta. Uno me dijo un día que las tropas del general Maceo habían pasado por ahí, y le dije,  que no exactamente, sino unos kilómetros más al oeste, pero de cualquier modo, el general Maceo y sus tropas no tenían nada que ver con el socialismo. Fue conversando con un agricultor de nombre Valerio, era el encargado del huerto que surtía de verduras, viandas y hortalizas al almacén de la escuela; el señor era un guajiro tuerto, le gustaba mucho ir a los bailables del Cano; fueron años que trabajé en sus surcos y me llevaba muy bien con él, sabía, por sus convicciones, que no era comunista, y un día, le hice la pregunta. Me miró, y me dijo, para que te interesas en algo que no te importa- le dije que por historia quería saber por qué ese pueblo fue bautizado así. Me apartó de los demás estudiantes y se sentó a la orilla de un yucal, y allí me relató la primera información que tuve sobre los hechos ocurridos en ese pueblo. Tiempo después, teniendo estos datos, y conociendo personas del pueblo, por mi asiduo tránsito por sus calles, y ya cuando cumplí 16, que fue mi ultimo año becado, comencé a frecuentar, los sábados, el Centro Cultural, y asistía a los bailables. Esa pregunta la insistí siempre a toda persona mayor que llegué a conocer; si eran de confianza, preguntaba haciéndoles saber que yo conocía que hubo un toque de cazuelas, y sino, pues indagaba a modo histórico. Las respuestas de los fidelistas era que Fidel tuvo que meterse aquí para limpiar esto de batistianos; los hombres cívicos que rememoraban los hechos, lo hacían pidiendo discreción, pero coincidían que hubo una protesta cívica y muchas familias fueron sacadas de allí.


En los años que estuve en prisión 80-91, conocí varios lugareños de El Cano, eran contemporáneos conmigo, pero tenían la información de sus padres y abuelos; ellos se referían a los hechos como un toque de cazuelas y machete, una protesta que hubo en su pueblo contra el castrismo.    


Llevando en el exilio 27 años, siempre asumí que los hechos ocurridos en el pueblo El Cano, estaban documentado s y que por los arrestos que la G2 había efectuado, tendrían que haber existido presos políticos por esa causa. Es incomprensible que un hecho histórico de esa magnitud haya quedado sepultado en el olvido.


En estos tiempos de internet y de tantas vías de comunicación instantánea, se puede buscar la forma de contactar a personas que hayan tenido familias o residido en ese pueblo; estoy seguro que la verdad se irá hilvanando con testimonios sólidos e irrefutables, y podremos acusar a la dictadura castrista por ese crimen.


Alberto Prieto



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